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JUAN DE LA FUENTE: el tiempo de todos los tiempos

 

 

 

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Por: Victor Vimos

Una rosa en el centro del universo. Y el ejercicio inacabable de desplegar, sobre su dimensión, la dimensión de su recuerdo. Pliegues de tiempo sobre tiempo, construyendo un eco que empuja a creer que en todo inicio acuna también un final. Vide Cor Tuum (Perro de Ambiente, 2017), el más reciente poemario de Juan de la Fuente, propone este paisaje como telón de fondo para desandar el “poema-río” que ha construido.

Sobre este trabajo y su forma de ver la poesía, tejimos conversa.

 

1.- Las palabras de Dante con las que abres tu libro, apuntan a esa “mirada en el corazón” que parece propia de un ejercicio interior de exploración con uno mismo. ¿Permite la poesía esa vía de crecimiento, menos apegada a la superficie y más cercana a la duda constante?

La poesía es duda constante, entendida como aquello que cuestiona el mundo, que pregunta, que intenta descorrer el velo de la realidad aparente. Creo, sin embargo, que las preguntas más difíciles se plantean sobre todo hacia adentro, al interior de uno mismo, en cuyo centro está el inconsciente colectivo, e incluso más adentro el inconsciente universal. Pero el poeta nunca sabe si ha tocado o transitado ese inconsciente universal; en la poesía no hay certezas, nunca habrá certezas: la certeza está en uno mismo, es un acto deliberado de transitar una ruta de cambio interior, una ruta violenta, estremecedora, humanísima.  Vide Cor Tuum, significa “Mira tu corazón”, y pienso y siento que mirar nuestro corazón es lo que nos une al amor, que es de donde nace el poema.

 

2.- En este trabajo manejas la metáfora, a mi modo de ver, con una clara marca de tu escritura: parecería que las imágenes están continuamente deshaciéndose, y no en el caos, sino a través de un ritmo sostenido en la contemplación. Parecería, por momentos, que uno mira a un pincel pintando y despintando el mismo lienzo. ¿Cómo aporta el ejercicio contemplativo, por ejemplo, a esta relación con la imagen en tu escritura?

Todo tiene su música, su pintura. Esto es lo que me lleva a escribir. Creo que como poeta soy pintor, cada trazo o pincelada es música, ritmo exterior que se fusiona con el interior. La contemplación vendría ser la distancia necesaria para que sea posible ver. Creo que no se puede ver desde la herida misma o desde la alegría, es decir, desde donde acontece aquello que motiva la emoción o la idea. Es imprescindible alcanzar cierta distancia para no obnubilarnos. A partir de eso, a cada paso que doy, a cada pincelada, encuentro una forma de poetizar sobre lo que estoy viviendo o ya viví.  Recuerdo que el poeta argentino Eduardo Langagne, escribió en un poema: “la poesía no se crea ni se destruye, sólo se transforma”.

 

3.- Vide Cor Tuum se trata además de un poema extenso, de gran aliento, algo distinto a, por lo menos, tus dos últimas entregas que he podido leer. Uno pensaría que el ritmo es lo básico para sostener un viaje de esta dimensión. Pero, ¿hay lugar para pensar en el tema del poema como algo necesario para una propuesta de esta naturaleza?

La poesía determina la estructura y extensión del poema. Depende del poeta estar preparado y atento para llevar a cabo este propósito. En mi opinión, el poeta ejerce la labor de mensajero, receptor, transcriptor de la magia de la poesía. Jorge Luis Borges decía que en la obra de un buen poeta solo existen dos o tres temas que se repiten. Respetando las distancias, opino lo mismo. Los temas son los mismos, pero se transforman constantemente. Como ya dije antes, considero que el gran tema es el amor y que el amor es lo que hace posible el poema. Cuando era joven, pensaba que para escribir un texto de largo aliento  no era necesaria la experiencia. Ahora sé que, por lo menos en mi caso, Vide Cor Tuum no hubiera podido ser escrito sin haber vivido todos y cada uno de los momentos que viví. Los libros anteriores me han preparado para escribir este poema-río y este poema-río me ha preparado para seguir escribiendo.

 

4.- ¿Encuentras en tu trabajo alguna relación entre las ideas, que provienen del lado más racional del hombre, y la percepción, que parece más asentada al lado menos consciente, más ligado, por ejemplo, a la escritura poética?

Lo dije al inicio, estoy convencido de que ese punto de encuentro colectivo se da en el inconciente universal. Este nos conecta entre todos y con todo lo que existe a nuestro alrededor. No creo en el tiempo lineal sino en el tiempo que es todos los tiempos: pasado, presente y futuro. A veces, me parece que el poema es un diálogo de uno mismo en dos tiempos diferentes: me imagino al poeta viejo hablándole al poeta joven que alguna vez fue. La ciencia ya nos ha colocado frente a los universos paralelos, la física quántica se acerca cada vez más a la poesía. En libros de ciencia como los de Michio Kaku, Arthurt Zajonic o Richard Tarnas, encuentro poesía en estado puro y más.

 

5.- “Para callar el árbol crece en la orilla”, un verso que parece condensar otro de los movimientos propios de este trabajo, aquel ligado al silencio. ¿Qué lugar tiene el silencio en tu tarea creativa?

Crecer en la orilla es el comienzo o el final de algo, el hecho de llegar o de partir es lo que genera un espacio de silencio en el ser y el hacer. Es como la luz, que es invisible y solo puede verse por obra y gracia de las cosas que toca. Al igual que el silencio, las palabras son parte del lenguaje; las palabras no tendrían sentido sin el silencio. El silencio, los espacios en blanco en el poema también nos hablan, tienen su música, su pintura. Lo más difícil es colocar cada palabra y cada silencio en su lugar para que conversen, para que se quieran o se enfrenten. El poema nace de un encuentro y una separación; de un grito o un silencio que en determinado momento recibimos o decidimos tomar.

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6.- He tenido la impresión de que, durante el desarrollo del poemario, más que voces claras de personajes, asisto a un horizonte de susurros que provienen de muchos lugares: susurros sin un rostro definido, una voz casi espectral que se encarga de resignificarse a lo largo del poema. ¿Hay un desafío al sujeto poético, a ese Yo monolítico, desde tu perspectiva?

Es un yo colectivo, universal. Desde el otro lado. Un yo que se habla y al hablar deja de serlo. También es una actitutud carmínica, una lírica en la que el yo dialoga con un receptor ficticio a quien le cuenta sus sentimientos, sus pensamientos, su vida maravillosa y terrible, como la belleza. Una dialéctica en la que la palabra nace, muere y vuelve a nacer.

 

7.- No dejo de sentir, además, que uno de los temas que orientan a la escritura en Vide Cor Tuum, es el amor. Un amor que se está salvando de forma constante, que parece perderse en la locura y resurgir en la calma, que es capaz de construir y eliminar lo construido para poder ver el rastro de su experiencia. ¿Hay la posibilidad de trabajar de forma novedosa con un elemento que ha estado presente en la poesía desde la noche de los tiempos?

El amor siempre ha estado, está y estará presente en la poesía: es el pasado, el presente y el futuro que no tiene tiempo. El amor se reinventa, se recrea, es la imagen de la transformación. El amor existe hoy más que nunca, porque hoy más que nunca es necesario tener y obrar con amor. Vide Cor Tuum intenta transitar muchas de las formas en las que se manifiesta el amor; esas formas que se manifiestan de manera diferente en casa ser humano y que se mueven como un vasto río a través del mundo. No hay nada más vigente que el amor. Y no precisa de marcas ni etiquetas.

 

8.- ¿Qué relación encuentras con la experiencia y la creación poética?

Al menos en mi caso, sin experiencia no hubiera escrito este poema. Hay que vivir para poder hablar con el corazón. Lo dije antes, si no hubiera vivido cada una de las cosas que he vivido, no hubiera podido escribir Vide Cor Tuum; en mi caso, la experiencia me ha preparado para plasmar este poema de largo aliento.

 

9.- Si tuviéramos que armar el árbol genealógico de Vide Cor Tuum, en tanto lecturas e influencias, ¿cuál sería el camino?

Más que en influencias pienso en ángeles, en compañeros de viaje, en los grandes poetas que acudieron en mi ayuda, cuando surgieron las terribles dudas que suelen presentarse en el proceso de escritura y sobre todo durante la corrección del poema.  En el caso de Vide Cor Tuum, pienso en el terceto de Dante, pero también en el haiku de Basho, en la poesía de Char y en los poemas surrealistas; pienso también en la música, sin la cual no es posible sentirse acompañado en el camino: los Cantos Gregorianos, la séptima sinfonía de Beethoven, el Carmina Burana. Y todo lo que he visto, leído y escuchado en mi vida. Pienso en los lugares, los cafés, las librerías, los bares, las calles, las ciudades, los países. Pienso en Eliot, en Paz, en Hinostroza, pero también en Christensen, en Moro y en el olvido creativo de todo esto, que es la manera que tengo de poder recordarlo.

 

10.- En una charla anterior mencionabas que, con el tiempo, has asumido tu condición de descendiente de japoneses y nacido en el Perú. ¿Cómo dialogan esas dos tradiciones en tu trabajo poético?

Dialogan, porque hablan el mismo idioma universal; son lo mismo; forman parte de mi ADN y allí se ordenan, pugnan, se reconcilian. Lo importante es tomar consciencia de que están dentro de mí; mientras más consciente pueda estar de esto, tendré más posibilidades de viajar en el tiempo y el espacio hacia mi origen. Justo ahora estoy trabajando una investigación sobre mi abuelo, inmigrante japonés que llegó al Perú en 1909 y al que un día de 1938 obligaron a volver a su país y a pueblo natal, Tottori, sin haber tenido posibilidad de retorno al Perú. Tengo un compromiso pendiente con Makiso Umetsu, que era como se llamaba. He comprendido que su presencia en mi vida ha sido y es fundamental; que siempre estuvo allí, a mi lado, pero que recién he podido alcanzar a verlo y escuchar sus palabras.

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